¿Qué hacen Boba y Memo?


He aquí un proyecto para la recuperación de
casas de aldea que no te dejará
indiferente. En primer lugar, por el
bajo coste; en segundo lugar, por nuestra
originalidad; y tercero, por
nuestra política de reciclaje.
Pretendemos contagiar una forma alternativa de trabajo donde la calidad de las relaciones humanas, la pasión por utilizar nuestras manos y la creatividad llevada a nuestros pueblos, se convierta en una experiencia positiva que vaya más allá de meros trámites económicos.

Deseamos que te acerques a nuestra galería de fotos, donde te iremos describiendo brevemente nuestros pasos.

Ésta es la parte visible de un proyecto que esconde mucho más de lo que se puede observar a simple vista. Supone el antes y el después de una casa asturiana.

Lo primero y más apetitoso es el precio: hemos empleado el 20% del presupuesto que hubiéramos necesitado de haberlo contratado. El ahorro se produce tras abaratar los materiales un 80% ya que provienen del reciclaje. A demás, el intercambio ha permitido a una familia con recursos limitados hacer realidad un sueño inalcanzable debido al altísimo coste que supone afrontar un presupuesto profesional.

Lo segundo, es que transformanos una casa en ruinas en una exclusiva y atractiva vivienda, revalorizando en gran medida la propiedad, potenciando la belleza de las zonas rurales y promoviendo así el turismo.

Tercero, no se trata de abaratar los materiales para tener una casa de menor calidad, sino de agudizar el ingenio.

Estamos disponibles para comenzar otro proyecto. Contáctanos a través del e-mail o deja un mensaje aquí en el blog.

Desaparecen las ruinas


Esto fué lo que nos encontramos el primer día, pero ya teníamos en mente que la Casa de los Horrores se convertiría en Villa Alegría. Lo primero que hicimos fué cambiar las puertas para poder vivir dentro; sellar las goteras del colador que teníamos por tejado; tapar los huecos de las paredes por los que se colaba el viento, el agua y diversos animalillos.



Cuando fortalecimos los muros y la casa ya era habitable, pasamos a la parte estética: picar, rejuntear, pulir y lavar la hermosa piedra; con el sobrante del rejunteo, imaginación y mucha paciencia, decoramos las ventanas y el alero.

Primeros pasos


 Fue algo muy gratificante, incluso sano, darse prisa en reformar la entrada. El viento se colaba por estas cortinas de pino, recorría la casa en violentas espirales y culminaba metiéndose debajo de las sábanas. Sustituímos las dos hojas de la cuadra por una puerta de segunda mano: la habían retirado de un edificio público y la iban a tirar pero llegamos en el momento apropiado. Tras vivir unos días casi a la intemperie, colocamos la puerta y encajó perfectamente.


La puerta principal

Por fuera
Por dentro
Tejadillo
Sellamos la nueva puerta con unas columnas de piedra rematadas en unos grandes machones para sujetar el tejadillo. La piedra la aprovechamos del suelo de la cuadra antes de sanearlo. Por  dentro ya no se aprecia que antes hubo una puerta de dos hojas.

Puerta trasera

Cuando llegamos a la casa, la tecnología se reducía a un calentador oxidado expuesto a la intemperie y al viento, y a una pila con el desgüe tupido como lavadora. Tras instalar con no pocos intentos un calentador nuevo en el desván (de segunda mano y muy barato, por cierto), le cambiamos a un vecino el lavadero por unos sacos para escombro, picamos la carga, abrimos la ventana, colocamos barrotes procedentes de un viejo somier y restauramos la antigua puerta de cuarterón.

Rompiendo el suelo


El capricho de llevar la cocina a la cuadra tenía su precio en labor extra: tuvimos que picar una zanja que atravesaba toda la estancia para llevar el agua (traída y desagües). Por eso la necesidad posterior de poner un suelo nuevo como se ve en la siguiente entrada del blog. No hizo falta tener martillo neumático ni alquilarlo: cuatro brazos norteños, un cortafríos y muchas palabras de ánimo.

El paso interior

ANTES (vista desde la antigua cocina)


Como la cuadra era un anexo de la casa, tenía una entrada propia e independiente desde el exterior, pero nosotros (con vistas a hacer de la cuadra una cocina) abrimos un paso en el imponente muro de 80cm de grosor.
ANTES (vista desde la cuadra)

Tras apuntalar con un cargadero de 20cm de grosor (procedente de un hórreo caído), el paso ya era fiable y pudimos comenzar la obra en las nuevas estancias.
AHORA


Fregadero de obra


Esta piedra de mármol a la que acoplamos un desagüe, sería la base de nuestro gran fregadero.














El armazón está sellado  con material hidrófugo. No hubo más remedio que comprar todas las piezas de la fontanería; sin embargo rescatamos los grifos del muestrario de un almacén. ¡ El que busca encuentra !

El rincón del fregadero

EN PROCESO...
RESULTADO FINAL
Una vez más los objetos inanimados nos hablaron para decirnos dónde querían ir. Horno y esurreplatos escogieron su lugar.

Los muebles de la cocina, pura poesía



Una vez decidida la disposición del mobiliario, apilamos todos los muebles que había en la casa cuando llegamos, los despiezamos y empezamos a trabajar con ellos como si fueran piezas de tetris. Hasta los trocitos más insignificantes fueron útiles, no tiramos nada.

El resultado de esta distribución fue surgiendo, como siempre, por necesidades de espacio y las medidas de las tablas que teníamos. En un hueco sobrante hicimos el botellero; en el hueco cntral un especiero.

Muebles y electrodomésticos a medida

Al igual que con los muebles de la parte superior, reciclamos todo tipo de ventanas y contraventanas, cómodas, aparadores... El resultado fué un aprovechamiento óptimo del espacio y una estética única. 
                                      

Especiero


Parecía que las cuentas no cuadraban; los tableros se habían terminado; ¿qué haríamos con este hueco? Rebuscando en la montaña de los sobrantes de castaño dimos con las piezas precisas; cortamos unas varillas y ... voilà: un especiero giratorio, útil y de gran capacidad.

Isla de diseño

EN PROCESO...
Teníamos la ilusión de hacer esta isla desde que llegamos a la casa. Es una sencilla estructura de tableros anclada al suelo y con un murete de piedra alrededor. La instalación eléctrica se colocó en el suelo antes de hormigonar.
RESULTADO FINAL
Los azulejos de la isla sobraron de la decoración (que a su vez se hizo de restos de otra obra); la encimera blanca (casi 4 metros de largo para cocinar) se hizo con el mismo sobrante del suelo.

Saneando paredes, techo y suelo

 










En esta antigua cuadra limpiamos, pulimos y barnizamos el techo para mantener el castaño. La puerta luce un improvisado cargadero por donde ya no se cuela el agua. Las paredes fueron rigurosamente picadas, limpiadas, rejuntadas, pulidas y barnizadas. ¿Qué decir del suelo? Aporta luminosidad y limpieza donde antes había cucho de vaca y por supuesto procede del reciclaje.

Nueva escalera interior











Creamos una escalera interior para evitar un antiguo paso comunitario. Con la piedra que sacamos del paso al salón se hizo la estructura y parte del escombro fue a parar a su interior para dejarla bien maciza.  Los peldaños están hechos con restos de baldosas, la barandilla con la viga que quitamos del techo al abrir el hueco y los barrotes proceden del corredor de un hórreo caído.

Más ventanas, más luz

Desde Fuera
En las fotos de la fachada antigua se aprecia un vano tapiado. Abrimos la ventana para darle más luz a la nueva cocina y poder disfrutar de las puestas de sol, de las estrellas y de la luna desde este nuevo rincón en el que un buen libro termina por trasladarte en el tiempo. La ventana se construyó con las patas de una silla y restos de un cabecero de cama, el burlete y el pestillo se compraron pero las bisagras "andaban por ahi".
Desde Dentro
Un ricón poético

Cargadero decorativo

ANTES
DESPUÉS
 El objetivo de comparar estas fotos no es el evidente cambio de cuadra a cocina (y eso que en la primera ya habían transcurrido dos días de limpieza). Se observa en la foto superior una viga naranja hecha para soportar el peso de un anexo en la parte de arriba de la casa; era impensable deshacerse ella, claro, y fruto de la necesidad la tapamos con tableros corrientes procedentes de armarios viejos, pintamos este "nuevo cargadero" de rosa, dándole forma de manera que las vigas del techo parecen perderse dentro.
NOTA: de las tablas y trastos de la primera foto se hicieron todos los muebles de la cocina y otras partes de la casa; se ve claramente que no son comprados.

La antigua cocina se convierte en salón


En esta foto la antigua cocina ya está en avanzado estado de reforma: la piedra casi lista, la escalera decapada, los muebles oxidados a punto de salir por la puerta... Colocar los sofás fue la señal de que la estancia estaba perfectamente saneada y lista para la decoración. Cualquier color es bienvenido entre paredes de piedra combinadas con maderas nobles. Varios juegos de luces dan vida a un ambiente siempre acogedor.

Los rincones del salón

 
        Creamos un rincón-biblioteca en el vano de la esalera con iluminación propia. A la derecha puede verse la entrada de la casa vista desde los sofás; los cargaderos y vigas de castaño fueron restaurados.

La joya del salón

Exclusiva chimenea hecha a medida, por necesidades de espacio. Aprovechamos el tiro de la antigua cocina de carbón para construir la chimenea. Los ladrillos refractarios son de máxima calidad, sin embargo, el encofrado y el decorado lo hicimos con tablas de armarios viejos, cemento, piedra sobrante de las paredes, tocones de eucalipto que recogimos en un bosque cercano...
No teníamos muy claro el diseño; el tiro hacia varias curvas y al empezar a taparlo con cemento la idea del árbol fué surgiendo por sí misma; tal y como llegó se quedó. Aprovechamos también para hacer una leñera en el tabique de enfrente. La ventana (que se corresponde con la foto de la puerta trasera) nos la regaló un vecino que quiso aportar su granito de castaño.

Un capricho para los pies

No teníamos material para el suelo, así que calculadora en mano, nos dispusimos a rellenar los metros cuadrados con recortes de viejas baldosas. Empezamos por hace un dibujo en el suelo y luego con paciencia y una pequeña radial de 500w cortamos las 212 piezas del mandala central. Sólo gastamos dinero en el disco de corte y en el pegamento. Mucha gente nos pregunta dónde se compran las plantillas para cortar las piezas: nosotros nos las hemos fabricado con cartón.            VER MÁS                HAZ CLICK A PIE DE PÁGINA EN "entradas antiguas" PARA SEGUIR VIENDO EL PROCESO